Síndrome premenstrual

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Síndrome premenstrual

Ser mujer en 28 días…

 

Parece algo recurrente: en los días previos a la llegada de la menstruación, muchas mujeres están más molestas, sensibles e irritables que de costumbre. Catalina (17) está saliendo de la adolescencia, y lo que más le gusta hacer en su tiempo libre es, precisamente, eso: salir. A bailar, con sus amigas, de shopping. Pero al principio de cada mes, tiene cuatro o cinco días que la obligan a quedarse, muchas veces, en cama. “No tengo ganas de nada, me duele todo y no quiero ver a nadie”, insiste.

Catalina no es depresiva, por lo que su madre decidió que era hora de hacer una consulta. Allí, ambas descubrieron que lo que le pasa es lo mismo que a más de una adolescente, joven y mujer en su plenitud reproductiva: padece de Síndrome Premenstrual.

Dicho así, con mayúsculas, el SPM (como también se lo denomina) parece mucho más serio de lo que es. Pero en realidad, es bastante común entre las mujeres  –especialmente, las más jóvenes, las que ya han tenido hijos y las que tienen antecedentes clínicos de depresión-, y aunque sus causas se asocian a un desequilibrio hormonal relacionado a la gran cantidad de estrógenos en sangre, también influyen los niveles de endorfinas y serotonina, sustancias químicas del cerebro que juegan un papel importante en el humor y el comportamiento.

Según la Dra. Carlota López Kaufman, jefa de la sección Adolescencia del Hospital Rivadavia y Presidenta de la Asociación Médica Argentina de Anticoncepción (AMADA), los síntomas “se resuelven, desaparecen automáticamente cuando la mujer comienza a menstruar”. Pero en realidad, para poder diagnosticar el Síndrome Premenstrual, “se necesitan varios criterios, ya que son síntomas que vienen apareciendo durante varios ciclos seguidos y tienen que ocurrir exclusivamente en esta segunda fase del ciclo”, agrega.

Y, en los casos que son más severos, las mujeres presentan alteraciones tanto en su vida social como en la laboral. “Cuando me está ‘por venir’, tengo que faltar al trabajo, al menos dos días. Si voy, no puedo hacer nada, me duele tanto que me terminan dando migrañas y mis jefes me mandan de vuelta”, dice Lucrecia (32), quien aún no tiene hijos. “No sé si me entienden, pero ya no me dicen nada”, agrega.

Para la Dra. López Kaufman, el sindrome premenstrual “no es un motivo de consulta frecuenta a menos que sea algo que afecte realmente la vida de la mujer, tanto en su actividad laboral como en la escolar”. Los porcentajes que afectan en cuanto a la gravedad de los síntomas son, según la profesional, “sumamente variables: los síntomas premenstruales leves tienen un gran porcentaje de pacientes (30-90%).

Hay otros que presentan síntomas un poco más severos, alrededor de 20 al 30 % y un mínimo porcentaje que varía del 5 al 8% presenta síntomas sumamente severos y que realmente incapacitan a la mujer para poder desarrollar su actividad”. Es ahí donde empezamos a hablar de otra patología: el Desorden Disfórico Premenstrual (DDP).

Días “normales”

Pero ¿cómo darse cuenta cuándo lo que se siente es ‘normal’? “La mujer no tiene que sentirse molesta para nada. La menstruación es algo totalmente fisiológico; una puede llegar a tener un dolor menstrual leve o puede presentar estos síntomas en forma leve, pero no tiene que ser un impedimento para su actividad diaria, con lo cual es aconsejable que ante la molestia, que se sientan mal por presentar esto consulten a su ginecólogo”, aconseja la profesional.

Hoy existen tratamientos para paliar los síntomas, “de acuerdo a la gravedad que presente cada mujer, como para evitar que dejen de hacer sus cosas y se sientan mejor”, agrega. Los tratamientos son sumamente variados: “En primer lugar, si tenemos un adolescente, explicarles de qué se trata el ciclo menstrual, por qué se producen esos síntomas, y recomendarle actividad física en forma habitual, un descanso adecuado y una dieta saludable, puntualizando quizás en algunos aspectos de la dieta en estos 15 días previos que es cuando se ponen de manifiesto estos síntomas premenstruales”, detalla la Dra. López Kaufman (ver recuadro).

Muchas veces, el síndrome premenstrual se asocia o confunde con la dismenorrea (o dolor menstrual): “Muchas veces, los antiinflamatorios no esteroides también resultan muy prácticos, porque al mismo tiempo disminuyen el dolor menstrual”, aclara. Pero para la médica, el rol predominante que cumple el profesional es el de enfocarse en los tratamientos. “Hay un tratamiento que es muy efectivo y que desde hace muchísimos años se viene utilizando: los anticonceptivos hormonales. Se ha comprobado que éstos disminuyen toda la sintomatología referida al síndrome premenstrual y a la dismenorrea”, dice, y aclara que se trata “de un método de elección, porque mejoran la dismenorrea, mejoran el síntoma premenstrual y, si se trata de una mujer que requiere de un método anticonceptivo, también reúnen esa condición”.

Ventajas

La anticoncepción hormonal brinda varios beneficios: mejora la dismenorrea, permite un buen control del ciclo y mejora los síntomas premenstruales. “Al aparecer esta nueva dosificación de 24 píldoras activas y 4 inactivas, lo que se vio es que ese periodo más corto sin carga hormonal, podía ayudar a reducir los síntomas premenstruales y esto resulto ser una ventaja para estas pacientes”, detalla la profesional.

En realidad, además, la ventaja de esta nueva dosis es que se produce una mayor supresión de la actividad ovárica, con lo cual se reduce la fluctuación de las hormonas endógenas, y se prolonga el tiempo de acción de la Drospirenona (el gestágeno que se utiliza), por lo que al acortar el intervalo libre de medicación, se reducen los síntomas premenstruales.

El Desorden Disfórico Premenstrual –la patología que afecta entre el 5 y 8% de las mujeres- es mucho más severo, aunque también exige que se cumplan los mismos requisitos de un síndrome premenstrual; es decir, repetirse en los ciclos y presentar un dolor más agudo. Además, agrega dos invitados no muy deseados: la depresión y la irritabilidad.

“En estos casos –aclara la Dra. López Kaufman- el anticonceptivo hormonal no funcionaría como tratamiento único, porque hay un componente depresivo que es causado por esta alteración a nivel de los neurotransmisores. Es allí hacia donde tenemos que apuntar en cuanto al tratamiento”. En esos casos, agrega, “no creo que sea el ginecólogo quien tenga que administrar estas drogas, sino que para casos puntuales lo mejor es hacer una interconsulta y evaluar si esa depresión que tiene esta mujer es producto de ese SPM o si se trata de una depresión endógena u otras patologías psiquiátricas que nosotros no vamos a ser los indicados para diagnosticar o medicar”.

Para la médica, “hay que valorar a la mujer en su totalidad”. Para cada una de las que pasan, mes tras mes, esos síntomas, la vida con el Síndrome Premenstrual se hace algo frecuente y se aprende a llevar. Los avances medicinales y la posibilidad de contar con las herramientas adecuadas se convierten en los mejores aliados.

Tips para sentirse mejor

Si se padece el sindrome premenstrual, es bueno tener en cuenta algunos trucos para hacerle frente:

  • El ejercicio físico, preferentemente al aire libre, genera endorfinas que liberan tensiones y levantan el ánimo.
  • Dormir más: durante ese período, una se siente más cansada.
  • Revisar la dieta, porque la alimentación juega un rol importante en el cambio hormonal: los carbohidratos –pan, pastas, arroz, cereales integrales- facilitan la digestión y ayudan al cuerpo a producir serotonina. Si se siente la necesidad imperiosa de algo dulce, elegir frutas secas o chocolate, que relaja y mejora el humor.
  • Evitar las grasas, el café, las gaseosas y las facturas, además de moderar el consumo de alcohol.
  • Tomar agua en buenas cantidades y reducir el consumo de sal, para que el cuerpo tenga un proceso depurativo natural que ayuda a sentirse mejor.
  • Los alimentos ricos en fibras ayudan a combatir el estreñimiento y reducen los niveles de estrógenos.
  • Tomar un vaso de leche caliente ayuda cuando los síntomas no son muy intensos. El calor favorece la circulación sanguínea, descongestiona la zona pélvica y la leche estimula la producción de endorfinas que ayudan a controlar mejor el dolor y disminuir las contracciones del útero

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