Salud sexual

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Salud sexual

Se describe como una “militante feminista” y dice que va a morir luchando por la igualdad entre las mujeres y los hombres. Sin embargo, destaca que el sombrero que lleva puesto hoy es el de presidenta del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), desde donde busca la igualdad no sólo de género, sino también la de la salud reproductiva femenina y la de “la inclusión de todas las diversidades”.

ENTREVISTA / MARÍA JOSÉ LUBERTINO

Lejos de lo que podría imaginarse, María José Lubertino (48 años) se crió en una familia “muy católica”, según ella misma relata. Formada en un colegio de monjas, decidió luego seguir la carrera de Derecho, y se recibió en la UCA, una universidad católica. Más tarde realizó la Maestría en Ciencias Sociales de FLACSO; fue constituyente por la Ciudad de Buenos Aires y diputada nacional en 2003.

Fue entonces cuando presentó 42 proyectos de ley y, entre ellos, uno basado en la necesidad de implementar, en forma obligatoria, la educación sexual y reproductiva en las escuelas.

Tres años más tarde, en 2006, se sancionaría la ley que creó el Programa Nacional de Educación Sexual Integral, con muchas de las observaciones que ella había hecho en ese proyecto.

Una de las pioneras en la lucha por la implementación de igualdad de género en el país, Lubertino conversó con Eva en su despacho del INADI, donde no hubo cabida para ninguna clase de prejuicios.

¿Qué implica la salud sexual y reproductiva?

Implica empezar a hacer realidad los derechos humanos de las mujeres y los principios básicos que tienen que ver con la paridad entre mujeres y varones. Implica congeniar la autonomía de las mujeres para decidir sobre su propio cuerpo, e implica también romper con prejuicios que, obviamente, son culturalmente construidos.

Los prejuicios de los que habla, ¿Competen a la realidad argentina en particular?

En realidad, al mundo entero. Esto es una batalla cultural que no se libra sólo a nivel nacional, sino una que venimos liderando las mujeres en todos lados, y que tiene que ver con cambiar una cultura patriarcal, que no es exclusivamente masculina. Es una construcción cultural de varones y mujeres. Hasta ahora, quienes han tomado las decisiones sobre los cuerpos y las vidas de las mujeres han sido quienes manejaban los Estados y las Iglesias, que durante siglos han sido varones.

¿Las mujeres son más vulnerables que los hombres?

No, no son más vulnerables, sino que han sido vulneradas en sus derechos.

¿Hoy ya no?

Sí, hoy también. Pero se ha recorrido un largo camino, sobre todo en estos 25 años de democracia, donde las mujeres y los movimientos de mujeres han construido un derrotero, y creo, además, que ha sido sustantivo que muchas asumiéramos lugares de decisión, porque habilitó que en la agenda se introdujeran temas como la violencia de género y la salud sexual y reproductiva.

Sin embargo, ése es un debate que aún no termina…

Se tardó diez años en que pudiéramos tener una ley en materia de salud sexual y reproductiva, tardamos diez años en tener una ley de educación sexual, y a pesar de que ha habido una decisión muy fuerte del gobierno de garantizar la libre decisión de las mujeres, sigue habiendo barreras culturales fuertes. De hecho, la implementación de la ley de educación sexual no es homogénea en todo el país, porque no todas las provincias la implementaron.

– ¿Qué se está haciendo en materia de salud sexual y reproductiva desde el INADI?

Estamos trabajando en un proyecto de paridad entre varones y mujeres en 22 ciudades de ocho provincias, donde se establecieron diagnósticos participativos con organizaciones de mujeres. A partir de ahí se está debatiendo transversalmente, con las áreas de gobierno municipales, provinciales y nacionales, las políticas públicas que hay que modificar en distintos rubros. Uno de ellos es la violencia de género, que está directamente ligada a los temas de sexualidad.

También se está monitoreando el cumplimiento de la ley nacional de salud sexual y reproductiva, y la de educación sexual. Además, estamos ofreciendo a las escuelas talleres sobre educación sexual libre de discriminación, entre otros temas. También hay varios foros del INADI que trabajan en temas de derechos sexuales y reproductivos, de género, de juventud, de personas viviendo con VIH y de diversidad sexual.

Cuando se habla de educación sexual sin discriminación, ¿De qué se habla específicamente?

Estamos hablando de que se imparta la misma educación sexual, tanto en escuelas públicas como privadas, y que no sea una educación sexual estigmatizante ni discriminatoria; es decir, que incorpore la perspectiva de género y de diversidad sexual, por supuesto siendo respetuosos de las diversidades de creencias que pueden implicar los diferentes modelos educativos. Pero hay temáticas que necesitan estar garantizadas, sobre todo las que tienen que ver con la veracidad de los métodos anticonceptivos.

Una educación sexual libre de prejuicios…

Hay muchos prejuicios, por eso aún no se llegó a un consenso en el debate. Pero el Estado laico debe garantizar el acceso a la información en una materia tan delicada como ésta, que genera tanta violencia sexual contra las mujeres, abusos de menores, embarazos no deseados, embarazos adolescentes, abortos clandestinos…

Obviamente, la única manera de combatir esto es a través de mayor educación sexual, para que las personas puedan elegir libremente cuántos hijos tener y  cuándo tenerlos.

– ¿Los derechos sexuales son pensados más para las mujeres?

Los derechos sexuales y reproductivos son para varones y mujeres, no importa la identidad de género, pero se juegan en el cuerpo de las mujeres, porque las que quedamos embarazadas somos nosotras, las que mueren por causas de abortos son mujeres, las que son violadas son mujeres. Entonces, si bien es un derecho de todos, la urgencia es distinta para las mujeres que para los varones.

La falta de educación, ¿Afecta más a los pobres?

No, nos afecta a todos. Más allá de la salud, la transmisión de VIH y los embarazos no deseados, el problema tiene que ver con la cabeza de las personas y el imaginario social que establece una jerarquía entre hombres y mujeres. Diferencias de género que hacen que las mujeres sean consideradas sólo como madres y amas de casa o como objeto sexual. Son estereotipos que están muy arraigados.

¿Los medios influyen en la creación de estos estereotipos?

Ahora estamos haciendo un observatorio de discriminación en los medios de comunicación, donde se trata a las mujeres como objeto, o de cocina, o de amamantamiento o sexual. La imagen de la mujer en los medios dista de ser una imagen de ciudadana plena del siglo XXI, sino que estamos seccionadas entre la mujer consumidora de jabón en polvo, o compradora de supermercado, que hace dieta con un yogurt descremado, o la chica tonta o que se hace de tonta para que le corten la pollerita. Todo eso tiene que ver con las relaciones entre hombres y mujeres, que después tienen correlato en la salud de las mujeres, en la sexualidad y la reproducción, porque ahí está impuesta la maternidad obligatoria y la mujer como objeto sexual. Imágenes donde los varones aparecen con imagen de poder y las mujeres en estos roles disociados y segmentadas.

Militante de la igualdad

Nació en Buenos Aires el 13 de octubre de 1959. Dice que se casó virgen y se crió con una educación muy católica, pero que la realidad misma le fue mostrando los prejuicios sexuales y la discriminación que existían alrededor de las mujeres, por lo que empezó a militar por la igualdad de género.

Tiene dos hijos. Se recibió de abogada en 1983 con medalla de oro. Es profesora de Derecho, Derechos Humanos y Elementos de Derecho Civil en la UBA, y trabaja activamente contra toda discriminación desde su puesto en el INADI. Fue, además, presidenta de la Asociación Ciudadana por los Derechos Humanos, una ONG dedicada a promover estos derechos elementales.

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